THE WAN DIARIES: Página 4 - Gales y Sur de Inglaterra (IV)

GOTAS DE LLUVIA Y ESA SONRISA

Dean Forest, condado de Gloucestershire, UK

(Texto: Ella / Fotos: Él y Ella)

Antes de empezar el viaje sólo pensaba en marcharme. Cuando estaba allí me empecé a preguntar por qué tenía tantas ganas de salir, si estaba huyendo de algo, o quería dejar algo atrás. Qué estaba buscando, qué me empuja a querer viajar una y otra vez. Al volver, me dí cuenta de que aún no tenía una respuesta. Es como querer entender algo incomprensible y no hacerlo nunca por muchas ganas que le pongas. Quizá encontrar una respuesta no sea lo más importante. O quizá ésa sea parte de la respuesta.

Siempre rondan muchas ideas en la cabeza cuando vamos a empezar un viaje. Sobre todo si viajas de forma diferente por primera vez: te metes en una furgoneta con lo necesario para estar tres semanas fuera de casa y ya te las irás arreglando. Te preguntas qué pasará, si vamos suficientemente equipados, si ocurrirá algún percance o si será el mejor viaje que hayas hecho nunca. Hay muchas inquietudes pero la verdad es que en cuanto das el primer paso, ya estás preparado para que venga cualquier cosa. Y ocurren tantas cosas cuando das ese paso… 

Algunas ocurren ante tus ojos, e inmediatamente guardas esa imagen en tu cabeza; cierras los ojos fuerte, como un mecanismo para que no se escape, y la intentas procesar y  evocar de nuevo inmediatamente para grabarla. Como cuando despertamos de un sueño que apenas logramos recordar y nos concentramos con fuerza en que vuelva para no perderlo del todo. 

Otras ocurren sólo en tu cabeza, en tu imaginación. 

Despierto y miro por la ventana. Ha llovido. Un poco más allá está la caravana de una familia suiza. La tarde anterior, el padre nos dirigió una amplia sonrisa al vernos. No pude hacer más que devolverle la sonrisa y maldecir por no atreverme a preguntarle qué le empujaba a sonreírnos de aquella manera sincera, familiar, sin reserva; como si fuésemos viejos conocidos. Entonces imaginé la escena que estaría teniendo lugar en aquella caravana. 

Unos minutos después, me hice consciente en el interior de la furgoneta, dentro de esa envoltura de gotas de agua, e imaginé un mundo paralelo en el que aquel hombre me contaba la razón, el secreto de su sonrisa. Ese día me prometí que voy a sonreír más a los desconocidos.

Aquel gesto casi imperceptible en apariencia pero tan revelador a su vez me estaba ayudando a dar con la respuesta que estoy buscando: qué me impulsa a querer viajar una y otra vez.

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