THE WAN DIARIES: Página 11 - Cíes (y III)

La isla que fui

Isla Norte de las Islas Cíes, Vigo, Pontevedra, Galicia - Abril 2016

La #expedicioncies de www.expedicionpolar.com

(Texto y Fotos en analógico: Ella)

La isla que fui es lluvia. Y niebla y neblina y bruma. Es abrazos a amigos. Es abrazos fuertes a grandes amigos con hijos en brazos y caricias en la cara a niñas con grandes ojos. Es tímidas miradas a gente nueva. Es retomar conversaciones empezadas meses atrás. Es hablar de todo y de nada y sentirse cómodo. Es pisar peces holográficos. Es esperar a que deje de llover.

La isla que fui es agua gris, verde y azul. Llegar, llover, mirar hacia arriba, abrir la boca, sacar la lengua y sentir gotas de lluvia fresca. Volver a ser.  Sentirse grande y pequeño a la vez. Sentirse solo y parte. Sentirse. Sentirse una isla. O una casa. O meter un animal en una casa y ver que es el habitante para el que fue construida.

La isla que fui es mirar hacia el cielo aunque esté oscuro, aunque haya nubes y ver estrellas o imaginarlas. Es escuchar risas y oír cómo se pinta con luz y lo que se ríe pintando con luz. Es andar entre helechos, sobre rocas, pisar arena, meter los pies en charcos y mojarte hasta los huesos. 

La isla que fui es sol. Es cambiarte el calzado, seguir caminando, pararte en un banco y esperar. Subir a un alto y estremecerse. Por el viento, por las vistas, por estar allí. Es más lluvia y correr. Volver a ser lluvia y comer quelitas mallorquinas y atisbar un poco de sol. Seguir caminando pisando charcos y buscar un lugar desde donde encontrarte con el atardecer. Seguir empapada y darte cuenta de que ya no tienes ningún calzado seco.

La isla que fui es agua, arena, viento, un faro, dos faros, compañía, búsqueda, silencio, conversaciones. Es café de puchero, empanada gallega y sopa que sabe a gloria después de una tarde fría. Es una tímida petición para que la musa se haga partícipe. Es flores en las manos y sirenas a la deriva. 

Saludo a alguien de pasada. Sonrío. Camino. Barro; luego hierba; luego madera; luego arena y pedazos de conchas que se clavan en las plantas de mis pies. 

Y fui agua y más agua. Cálida y fría. Y ya no tan fría. Un pie, una pierna, la espalda, el cuello y sumergirse. Sentir todo el frío del Atlántico y toda la libertad que caben en los poros de la piel. Fría pero cálida. Libertad.

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