THE WAN DIARIES: Página 6 - Marruecos (I)

UN BOSQUEUN DESIERTO

Azrou, Atlas Medio  + Merzouga y desierto del Sahara, SE de Marruecos

La #expedicionmerzouga de www.expedicionpolar.com

(Texto y Fotos en analógico: Ella)

Estos días tengo muy presente la semana que pasamos en Marruecos. 

Ya tengo revelados los carretes que tiré y mirando las fotos se me hacen presentes muchas cosas de las que viví. El calor (al parecer, soportable en esa época del año pero terriblemente incómodo para mi);  la abundancia de dátiles (y palmeras); cómo la arena se colaba por todos los resquicios de mi ropa en el desierto; un impresionante bosque de cedros; descubrir que hay alguien más con un sentido del humor tan particular como el mío (y también que somos muy pocos); sentirme observadora y observada al mismo tiempo; la historia de unos valientes que pasaron la noche en lo alto de la gran duna; los intensos colores tan habituales allí, tan escasos en nuestro Norte. Y esa luz… 

Nuestra primera parada fue en el bosque de cedros de Azrou. Imagina que piensas que vas a ver una película del oeste, pero de repente ves a Marty McFly llegando al Hill Valley de 1885 en un DeLorean reconvertido en una máquina del tiempo. Pues así de impactado estarías si crees que en Marruecos sólo vas a ver arena. La impresión fue grande pero ayudó a que la transición entre las montañas del Norte y el desierto no fuera tan abrumadora.

Eso sí, el cambio de paisaje según nos dirigíamos al sur fue brutal. 

En nuestra estancia en el desierto tuve una sensación de pequeñez difícil de explicar. Como imaginarse un granito de arena en la inmensidad y extensión del desierto. Pocas veces he sentido esa grandiosidad tan apabullante de un medio natural.

Pero sobre todo, estoy recordando ese pensamiento que ronda mi cabeza cada vez que vuelvo de un viaje: que hay que viajar, que hay que cambiar de entorno; salir de tu burbuja aunque sea por unos días porque además de que nos aporta otras cosas, sobre todo se aprende. Se aprende tanto… A mirar, a apreciar, a respetar y a desenvolverte en un entorno que no es el tuyo. Y no hablo del idioma o la geografía, sino en la forma de entender la vida y vivirla.


THE WAN DIARIES: Página 5 - Gales y Sur de Inglaterra (y V)

UN FESTIVAL Y UNA CIUDAD

Somersault Festival, Castle Hill, condado de Devon, UK + Bath, condado de Somerset, UK

(Texto: Ella / Fotos en analógico: Él y Ella)

Creo que nunca me había costado tanto volver a casa. Las vacaciones siempre son vacaciones pero algunas se perciben de otra manera. Desde hace tiempo decidí vivirlas de forma diferente y este viaje me llegó como nunca había vivido otro igual. Ahora tengo claro que la forma en la que viajas tiene mucho que ver.

A pesar de haber estado “asalvajados” durante tres semanas, viajando en nuestra furgoneta, acabamos nuestra estancia en UK pasando por un festival en el sur de la isla y luego en una de las pocas ciudades en las que estuvimos, la preciosa Bath. Y no pudimos acabar mejor. 

Nunca he sido de ir a muchos festivales, pero decidimos ir a este por lo diferente que parecía del típico festival con vasos de katxi por el suelo y barro hasta las rodillas. Y por que había algunos grupos que tocaban a los que teníamos muchas ganas de ver en directo. 

Y bueno, el barro hasta las rodillas lo tuvimos (y hasta más arriba), pero fue totalmente diferente a lo que había visto antes. El  dress code del festival era pijama y botas de agua. O sombrero de copa y chaleco. O traje de baño y chubasquero. Coronas de flores, caras pintadas, torsos al aire, carreras en el barro y disfraces. Cada uno iba como le parecía y hacía lo que le parecía; era un ambiente que invitaba a hacer lo que no haces el resto del año. Niños y grandes convivían sin ningún tipo de impedimento. Borrachines respetuosos, valientes bañistas, niños en carretillas, delicadas arpistas y ágiles trapecistas. Todo parecía estar en una extraña y bella armonía.

No podía cerrar los ojos o me perdería algo.

De los tres días que estuvimos en el festival, podría decir que uno y medio estuvo lloviendo y el resto nublado, excepto un par de horas en las que vimos un glorioso sol. Ese rato de sol, un baño en el helado río y reposar al sol como un par de lagartijas fue uno de los grandes momentos de ese fin de semana.

Fue un shock cuando, un par de meses después de que tuviera lugar el festival y tras hacer planes para volver el año que viene, supimos que no se va a celebrar en 2016. Al parecer, el terreno donde se hace es privado y los propietarios quieren dejarlo descansar por las condiciones que ha tenido que soportar este verano. Doy fe: cuatro ingleses fortachones tuvieron que ayudarnos a sacar la furgoneta del barro al irnos,… ¡estaba estancada hasta la mitad de las ruedas! En cualquier caso, el festival definitivamente fue uno de los highlights de nuestro periplo por UK.

Después de estos días, de no parar de reír, bailar y quitarnos barro de la ropa, llegamos a nuestra última parada antes de empezar nuestra vuelta a casa: Bath. La estancia fue bastante corta y no hicimos la típica visita a las termas o el Royal Crescent (nota mental: tenemos que volver a Bath) sino que simplemente callejeamos y entramos a algunas tienditas que ya tenía fichadas y otras que nos enamoraron por el camino. Básicamente disfrutamos del fluir de las bellas y armónicas calles de la ciudad. 

En la carretera. Así acaba THE WAN DIARIES de Gales y sur de Inglaterra, igual que empezó: en la carretera y soñando en blanco y negro…


THE WAN DIARIES: Página 4 - Gales y Sur de Inglaterra (IV)

GOTAS DE LLUVIA Y ESA SONRISA

Dean Forest, condado de Gloucestershire, UK

(Texto: Ella / Fotos: Él y Ella)

Antes de empezar el viaje sólo pensaba en marcharme. Cuando estaba allí me empecé a preguntar por qué tenía tantas ganas de salir, si estaba huyendo de algo, o quería dejar algo atrás. Qué estaba buscando, qué me empuja a querer viajar una y otra vez. Al volver, me dí cuenta de que aún no tenía una respuesta. Es como querer entender algo incomprensible y no hacerlo nunca por muchas ganas que le pongas. Quizá encontrar una respuesta no sea lo más importante. O quizá ésa sea parte de la respuesta.

Siempre rondan muchas ideas en la cabeza cuando vamos a empezar un viaje. Sobre todo si viajas de forma diferente por primera vez: te metes en una furgoneta con lo necesario para estar tres semanas fuera de casa y ya te las irás arreglando. Te preguntas qué pasará, si vamos suficientemente equipados, si ocurrirá algún percance o si será el mejor viaje que hayas hecho nunca. Hay muchas inquietudes pero la verdad es que en cuanto das el primer paso, ya estás preparado para que venga cualquier cosa. Y ocurren tantas cosas cuando das ese paso… 

Algunas ocurren ante tus ojos, e inmediatamente guardas esa imagen en tu cabeza; cierras los ojos fuerte, como un mecanismo para que no se escape, y la intentas procesar y  evocar de nuevo inmediatamente para grabarla. Como cuando despertamos de un sueño que apenas logramos recordar y nos concentramos con fuerza en que vuelva para no perderlo del todo. 

Otras ocurren sólo en tu cabeza, en tu imaginación. 

Despierto y miro por la ventana. Ha llovido. Un poco más allá está la caravana de una familia suiza. La tarde anterior, el padre nos dirigió una amplia sonrisa al vernos. No pude hacer más que devolverle la sonrisa y maldecir por no atreverme a preguntarle qué le empujaba a sonreírnos de aquella manera sincera, familiar, sin reserva; como si fuésemos viejos conocidos. Entonces imaginé la escena que estaría teniendo lugar en aquella caravana. 

Unos minutos después, me hice consciente en el interior de la furgoneta, dentro de esa envoltura de gotas de agua, e imaginé un mundo paralelo en el que aquel hombre me contaba la razón, el secreto de su sonrisa. Ese día me prometí que voy a sonreír más a los desconocidos.

Aquel gesto casi imperceptible en apariencia pero tan revelador a su vez me estaba ayudando a dar con la respuesta que estoy buscando: qué me impulsa a querer viajar una y otra vez.

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