THE WAN DIARIES: Página 9 - Cíes (I)

La isla que somos

Isla Norte de las Islas Cíes, Vigo, Pontevedra, Galicia - Abril 2016

La #expedicioncies de www.expedicionpolar.com

(Texto y Fotos en analógico: Ella)

“Y juntos navegamos hacia la Isla, hasta la isla que somos, la que debemos explorar, aceptar y amar”. 

La interpretación de Eva Diez de esas lineas de Robinson Crusoe retumbaba en mi cabeza sin remedio…

Sería una equivocación pensar que en esta expedición hemos tenido nada que ver con el personaje de Daniel Defoe, excepto que llegamos a una isla, pero esas palabras cobrarían mucho más sentido al final de esos intensos días.

La expedición era en la isla Norte de las Cíes y el viaje de ida no fue muy alentador. Era un día nublado, llovía, teníamos la bruma encima aunque no perdía la esperanza de que al otro lado todo fuera de otro color. Pero no, el sol estaba perezoso y se hizo de rogar. En cualquier caso, la isla, hasta con ese halo de tristeza, nos recibió  con ese porte que otorga tener, según un artículo que leí alguna vez, “la mejor playa del mundo”.

Y a pesar de la desventaja que a veces puede suponer un día nublado, en esta ocasión para mí fue un regalo. No los ratos de lluvia, claro, pero mereció la pena tener este paisaje por unas horas para poder disfrutar de este delicado ambiente que hace la niebla. Estábamos solos en una isla cubierta por un manto de nubes bajas y una cámara en la mano… ¿Qué más podía pedir?

Y según pasaban las horas, nos hacíamos conscientes de que la palabra explorador cobraría un sentido más completo que nunca: exploraríamos una isla en busca de emociones. Buscaríamos dentro de nosotros para saber qué tenemos de isla. 

La isla que somos. 


THE WAN DIARIES: Página 8 - Marruecos (y III)

الناس  (Gente)

De Fez a Merzouga, Marruecos

La #expedicionmerzouga de www.expedicionpolar.com

(Texto y Fotos en analógico: Ella)

Gente.

Sonrientes, pacientes, tímidos, generosos, recelosos, tranquilos, inconformistas, comerciantes, trabajadores, ociosos, temerosos, atrevidos, confiados, curiosos, apacibles, amigables, obstinados, atentos, avispados, cautos, orgullosos, arraigados, sabios, considerados, divertidos, hábiles, melancólicos.

La gente.

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[…] El hombre sólo es hombre si se convierte en humanidad […]

Versos extraídos del poema Cirios sobre la carretera de Mohammed Sebbagh.

***


THE WAN DIARIES: Página 7 - Marruecos (II)

UN EJERCICIO Y UNA HISTORIA

Merzouga, Desierto del Sahara, SE de Marruecos

La #expedicionmerzouga de www.expedicionpolar.com

(Texto y Fotos en analógico: Ella)

¿Qué se me había perdido a mí en Marruecos? 

Me hacía esa pregunta de vez en cuando en el avión dirección a Fez. A veces encontraba algo que se parecía a una excusa y es que… ¿A dónde dices que hay que ir? Me apunto. Sí, da igual. No necesito una razón para ir a un país demasiado caliente para mí. Simplemente, no va a haber muchas ocasiones en las que me plantee ir tan al sur y ésta era lo suficientemente buena como para decir que sí. La compañía y la época eran las mejores, así que pensé: “Adelante, es el momento”. Lo que no sabía era que otro propósito oculto me esperaba al llegar a Merzouga. Un propósito que me me encontró de la manera más cruda. 

Nuestros guías en esta #expedicionpolar eran Álvaro Sanz y Juan Sisto. Álvaro contó con su amigo Juan para que nos hablara de su viaje durante más de dos años desde Chile hasta Alaska en bicicleta, sus motivos, sus experiencias, sus fotos; y de su proyecto conjunto “Horizonte Norte”, el documental en el que están trabajando y en el que compartirán la esencia de ese viaje: la búsqueda de la felicidad, enmarcada por unos paisajes imponentes, y protagonizada por Juan y las personas que se iba encontrando por el camino. 

Decía antes que el propósito “oculto” del viaje me encontró de la manera más cruda: repentinamente, sin avisar, y me dio un bofetada en la cara. Juan nos proponía una ejercicio: realizar una retrato con historia. Es decir, no hacer una foto rápida, robada, de una persona que nos llamara la atención. Con este ejercicio trataba de que entabláramos una “relación”, una conversación lo suficientemente larga al menos, para que se creara un vínculo de cierta confianza entre esa persona y nosotros. 

Teníamos una semana. Imagino que para algunos tiempo más que suficiente para tener varias de esas historias. Pero no tanto para mí. Lo reconozco: soy una persona incomprensiblemente vergonzosa en un primer contacto. Y en un segundo también. Quizá hasta en un tercero. En ocasiones, es posible que roce el límite de lo antisocial, lo reconozco. Así que este ejercicio me serviría para trabajar en ello. 

En muchas ocasiones nos limitamos a ir a un lugar sin integrarnos ni un poquito en sus hábitos, sus costumbres, su gente. En mi opinión es muy, muy difícil poder hacerlo con el tiempo que pasamos visitando un lugar o estando de vacaciones. En el mejor de los casos, estamos dos o tres semanas pero eso no puede dar lugar  a una “integración” en condiciones. No obstante, sí podemos hacer una toma de contacto algo más profunda con los locales y ver las cosas un poco más desde el interior y no como un visitante.

Tras varios días sin éxito, justo cuando estaba a punto de perder toda esperanza y asumir que era una negada social y que de nuevo iba a poderme mi timidez, finalmente lo conseguí. Una mañana salimos a pasear al amanecer, cada uno a su aire. Recorrí unos 2 kilómetros desde nuestro riad y junto a una pequeña casita de adobe fue donde conocí a Samir. Estaba montado en su bicicleta con un viejo móvil en la mano. Tenía pelo rizado y vestía una camiseta a rayas, pantalón vaquero y chancletas. Desde la distancia vislumbré una tímida sonrisa y unos ojos curiosos, que fueron precisamente los que me animaron a acercarme. 

Me contó que vivía allí, en el desierto, desde que nació (hacía 14 años) con sus padres, su hermano y su hermana pequeños, señalando a lo que parecía el patio de su casa. Me decía que estaba esperando a que le llamaran para trabajar mientras miraba el móvil que tenía en la mano. Él acompañaba por el desierto a los turistas que venían y querían montar en camello. Me explicaba que le gustaba mucho el desierto pero que quería ganar dinero para poder visitar otros lugares puesto que nunca había salido de allí y sentía curiosidad. Por eso, le gustaba hablar con los turistas, quería saber más de los lugares de donde venían. Decía que a veces le resultaba complicado porque ellos también querían saber cosas sobre él, como yo. Nos miramos y sonreímos.

No hablaba un castellano muy fluido, pero tras nuestra larga conversación llegué a la conclusión de que la curiosidad y las ganas de conocer otros lugares y vivir experiencias, no entienden de culturas, ni de edades, ni de fronteras.

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